3) el concepto de resonancia magnética: si un núcleo atómico que posee espín es colocado en un campo magnético fuerte, su momento magnético procesa alrededor de la dirección del campo. La componente del momento en el eje definido por el campo está cuantizada, tomando sólo valores discretos. De esta manera, sólo ciertas energías son permitidas. Al pasar de un estado de energía  a otro el núcleo radía a ciertas frecuencias. Dos investigadores Purcell y Bloch utilizaron un transmisor de radiofrecuencia para producir un campo electromagnético oscilante que induce transiciones entre los diversos niveles de energía de los núcleos de una muestra. Esto ocurre cuando por un efecto de resonancia, la frecuencia del campo oscilante iguala  la frecuencia de transición entre estos niveles (frecuencia de Lamor), la cual depende tanto del momento magnético del núcleo como del campo magnético del núcleo.
El concepto del Par Biomagnético nos informa de los puntos en el organismo que se alejan del nivel energético normal o neutro (NEN), el mismo que se establece en resonancia vibracional y energética y que son específicos para cada uno de los microorganismos que se introducen a los órganos superiores, como virus, bacterias, parásitos u hongos y también para imanak2las disfunciones glandulares.

4) la entropía: es una magnitud que nos da el grado de desorden o caos de un sistema. Las reacciones físicas o químicas tienen la propiedad de que se producen sólo en el sentido en el que aumenta o se conserva la entropía. La entropía crece con el volumen y la temperatura.
La segunda ley de la termodinámica lo afirma diciendo que el desorden de un sistema aislado debe incrementarse con el tiempo o, como máximo permanecer constante.
Vemos que en la tierra nacen plantas y animales, que son formas bastante ordenadas de moléculas y átomos. Esto es debido gracias a que las plantas utilizan la energía del sol (fuente de energía externa) y los animales utilizan la energía de las plantas o de otros animales.
La primera ley de la termodinámica es la que afirma que la energía  ni se crea ni se destruye, sólo se transforma.

5) el concepto de simbiosis: las ciencias básicas como la virología o la microbiología, estudian en forma aislada las características morfológicas y las conductas de los microorganismos, como si fueran independientes y no tuvieran una correlación biológica, inteligente y bioenergética como sucede en los organismos superiores.
Este desconocimiento  de interrelación vital es lo que hace tan ineficiente nuestro concepto nosológico de las enfermedades. Esto ocurre porque nos guiamos por los síntomas que puedan tener los pacientes que al fin y al cabo son manifestaciones tardías y distorsionadas de los microorganismos patógenos.
Sin embargo, el concepto del Par Biomagnético, descubierto por el DR Isaac Goiz Durán, nos ubicó en el lugar y en el momento en que se establece el microorganismo, independientemente de sus manifestaciones clínicas y por eso, aparte de ser más eficientes en el complejo diagnóstico terapéutico, nos ha permitido entender la fisiopatología inicial de las enfermedades y por supuesto la simbiosis de los elementos vivos patógenos cuando se instalan y se interrelacionan dentro de los tejidos y órganos de los seres superiores que los soportan.
Los virus requieren de células específicas para su génesis, transportación y reproducción viral, puesto que son fracciones de cadenas de ADN o ARN, respectivamente, pero estas cadenas de nucleótidos necesitan de una mucoproteina para que se vuelvan patógenas. Estas mucoproteinas o cápsides son fabricadas por bacterias específicas para cada virus patógeno o metabólico. Es decir, que existe una interrelación y hasta una dependencia bioenergética entre los virus y las bacterias, una simbiosis vibracional y energética.
Desde el punto de vista biológico, el virus ya adquiere todo un potencial patógeno o metabólico y puede iniciar su agresión o su función metabólica en la célula huésped con sus consecuencias directas y finales sobre las células y los tejidos y, en general sobre los organismos superiores.
Dentro de la célula, el virus codifica partículas de ADN para generar virones de virus específicos y que, una vez excretados, se asocian con las cápsides de bacterias no patógenas, que permiten que una vez asociados infecten otras células para continuar el proceso en forma exponencial.
Los virus y las bacterias están en resonancia vibracional y energética y estos patógenos ya son capaces de alterar la conducta de otras células o tejidos.
En el caso de los virus, las capsides o mucoproteínas permiten su movilidad hasta llegar a la membrana celular en donde se inyecta en el citoplasma  y dejando adherida a esta membrana la cápside con lo que consiguen dos fenómenos simultáneos:
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 La alteración de la membrana celular por absorción de la cápside y la reproducción de virones en el interior de la célula con el consecuente desequilibrio del pH del citoplasma con expulsión de iones positivos y absorción de iones negativos, entre los que destacan los iones de OH- y de radicales libres que provocan el aumento del volumen citoplasmático y la alteración de su conducta biológica, así como de producción de antígenos específicos.
En el caso de las bacterias patógenas, la resonancia se lleva a cabo con virus metabólicos de ARN de grandes pesos moleculares que también entran al citoplasma, pero sin efectos tan marcados como los de ADN, toda vez que su producción es común en el sitio –ribosomas- y su información es metabólica, no genética.
Los virus patógenos son seres que tienen dos elementos sustanciales: virón y cápside.
El virón es una porción de nucleoproteina –ADN- y cápside es una mucoproteina fabricada por una bacteria específica, que le confiere la energía suficiente para adherirse a una célula y penetrar su membrana celular, de tal suerte que vuelve a infectar una célula sana y simultáneamente ocurren tres fenómenos:
-reproducción del virón en el interior de la célula infectada.
-alteración substancial del pH citoplasmático con excreción de iones positivos y absorción de iones negativos.
-producción de toxinas, específicamente interferón y secundariamente histamina.
La cápside o envoltura proteínica del virus, se adhiere a la membrana celular y altera sus procesos metabólicos.
La vida media de un virus es del orden de minutos. Todo el proceso que se inicia con la formación de la nucleoproteina, la asociación con la mucoproteina que le es afín y que lo vuelve patógeno, es del orden de minutos, de tal suerte que al despolarizar el par biomagnético e inhibir la producción de la nucleoproteina y de la mucoproteina, respectivamente, el virus sólo tarda minutos (15 minutos) en desaparecer de los organismos que los soportan. Los síntomas inherentes al virus desaparecen y sólo persisten las lesiones que ya son irreversibles: los procesos degenerativos producidos por la asociación de los microorganismos patógenos.
En el caso de una bacteria específica se tiene una consideración similar aunque no igual porque las bacterias son seres unicelulares que se agrupan y sostienen en su metabolismo y se organizan en su capacidad de agresión. Requieren de un medio alcalino para su reproducción, de tal modo que al cambiar el medio que les es propicio para su reproducción y neutralizarlo, cede su capacidad patógena.
En el caso de las enfermedades micóticas, de acuerdo con el concepto del Par Biomagnético, se requiere de cuatro elementos fundamentales para la existencia y propagación de los hongos patógenos:
-materia orgánica
-humedad
-oscuridad parcial
-pH ácido

Los tres primeros son propios de los espacios internos o escondidos del cuerpo humano, pero el cuarto elemento lo produce la presencia de un virus patógeno –pH ácido- de tal forma que cuando existe un cuadro de micosis debemos encontrar, como norma, la presencia de un virus patógeno.
Siempre, sin excepciones, cuando al checar a una persona nos encontremos con un hongo debemos encontrar el virus patógeno que está soportando al hongo. Los hongos no pueden subsistir sin la presencia de un virus, pero los virus sí subsisten sin la presencia de hongos. Aunque neutralizáramos únicamente el virus que está soportando al hongo, sin despolarizar los focos del hongo, quitando el virus, el hongo solito decae.
En el caso de los parásitos, sólo pueden existir en el organismo únicamente en presencia de bacterias que los alimenten. No sólo las bacterias patógenas, también los prebióticos los cuales son utilizados en el proceso de alimentación parasitaria, especialmente del tubo digestivo. También en estos casos quitando únicamente la bacteria que está soportando al parásito, el parásito solito  decae, pues no tiene con que alimentarse.